Libro, Críticas y Entrevistas

1 Libro - La mujer y el arte en Asturias. Mª Teress Fdez Fdez

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Crítica de José Ramón Muñiz

«La contradicción inmanente del arte  —dice Adorno— radica en que éste debe trascender a su concepto y, al mismo tiempo, realizarlo… adaptándose a la reificación contra la cual protesta».

Esto es así, ya que Lourdes Mieres pinta una figura, lucha contra el concepto de figura, puesto que su visión particular la induce a pesarla de manera enteramente libre y diferente a las apariencias, pero, sin embargo, termina «reificando», o sea pintando una cosa, una figura: «otra» figura.

Los paisajes de Lourdes pueden dejar de ser paisajes, pero serán entonces planos, oquedades, telones, y en el extremo límite del despojamiento, áreas de color, materias y líneas para concebir «otros» paisajes.

Panovsky define la iconología, discurso de imágenes, como la «Historia del Arte por conceptos» y no hace más que indicar la imposibilidad del artista plástico, quien debe expresarse mediante imágenes, de huir de la trampa del concepto.

Intentando ejercer una aproximación explicativa de la pintura de Lourdes, no tendremos más remedio que someternos a sus imágenes misteriosas y evocadoras, cargadas de «realismo» pero instaladas en espacios, en el cual el desciframiento de los símbolos nos empuja hacia imágenes ensoñadas.

En sus obras, adaptadas cada una de ellas a los lenguajes propios de cada técnica, ya sean pirograbados, gouaches, dibujos, se insertan los mismos símbolos o signos que se encuadran en un mundo personal y evocador, desprovisto de preocupaciones históricas o estilísticas, e inserta a una visión individual del mundo que reivindica, huyendo de modos y modas que tantas veces obsesionan y mediatizan el quehacer de muchos artistas.

Una obra ensimismada y atemporal, cargada de sugerencias, es la que la artista asturiana Lourdes Mieres nos enseñan con gran humildad, pero cargada de talento.

 

Lourdes Mieres: Discurso Erótico

Octavio Paz en la obra “Lecho y mesa” definía el erotismo como “sexo y pasión, no en bruto sino transfigurado por la imaginación: rito y teatro”. Ahora, en los últimos trabajos que nos presenta Lourdes Mieres Eros es el protagonista. Eros y de su mano la mujer, su potencial sugestivo, la sensualidad del cuerpo, la magia del fragmento captado, el ensueño erótico, el misterio de la esencia femenina, el instante raptado, congelado. Y digo congelado, porque en las obras de nuestra artista el tiempo parece haberse detenido; parece haber visto abruptamente frenado su curso. No hay un antes ni un después. Antes bien, un ahora y un siempre. Es el que la artista nos acerca y al que nos invita a trasladarnos: un momento universal, perenne, de eterno sosiego. Un momento que ofrece cargado de sentido, emoción e intensidad.

Quienes la conocemos sabemos que la obra de Lourdes Mieres es, y ha sido, rica en aportaciones, multiforme hasta cierto punto. Siempre ha evitado caer en la monotonía tratando, en un principio, de abrir una vía y, más tarde, de dar continuidad a su propia senda. En arreglo a esta dinámica ha generado una forma de expresión personal y singularizada, a partir de una óptica orientada hacia el dibujo, pero también hacia el color. Ambos principios, línea y mancha, enfatizando respectivamente su potencial compositivo y sensual. Pero es, sobre todo, el dibujo el que lleva las riendas, el que construye las formas, el que perfila las figuras. También es definitoria su actuación en la expresión, inquietudes y emociones.

Esta linealidad a la que aludimos —y dentro de ella sobre los ritmos ondulantes, curvilíneos— convive con el interés constante que a la artista le han generado las texturas naturales, en convivencia con su afición por el collage y sus aportes constructivos. No es menos cierto que la rotundidad del dibujo, del gesto, dialoga en sus trabajos con la delicadeza de la emoción, con la melancólica evanescencia que subyace a la contemplación. De este modo, invariablemente, Lourdes Mieres confiere a sus obras un valor expresivo preñado de sentimiento. De ahí el discurso erótico. De ahí ese lenguaje que apela a la sensualidad. De ahí el fruto placentero de su aprensión.

 

Natalia Tielve García

Doctora en Historia del Arte

Entrevista a Lourdes Mieres en Talenty Art

Lourdes MieresMadrileña de nacimiento y asturiana por convicción. Lourdes Mieres, artista de la Galería de TalentyArt, es pintora por herencia. Viene de una familia de artistas y su influencia ha calado en ella hasta el alma. Sus padres y dos hermanos son pintores y otros dos son tatuadores. Así que no es de extrañar que la vida de Lourdes no se pueda enfocar fuera del arte. De ahí, que sólo terminar Bellas Artes en Barcelona comenzase a trabajar como profesora de arte en un instituto de educación secundaria: “para mí era una opción natural, ni siquiera me planteé otras cosas porque era con lo que se habían ganado la vida mis padres”.

El primer artista que influyó en ella fue su padre, pintor abstracto, cuyos principios comparte: “el valor de las cosas bien hechas y el respeto a la parte artesanal de nuestra profesión”.

Tras él, el trabajo de Lourdes ha bebido de diversas fuentes. Una de ellas es la corriente surrealista, que alterna con lo abstracto cuando piensa en la composición del cuadro. Pero, con lo que respira y expira es con la naturaleza.

Le incomoda encuadrarse en una rama artística en el sentido de encerrarse en un determinado campo. Sin embargo, a nuestra pregunta de cómo se define, contesta: “existencialista porque mi obra está cimentada en la vida”. Y, efectivamente, el trabajo de Lourdes inspira vida, aunque la temática de sus obras, precisamente, no sea siempre ésta.

TA: Pintura al collage con elementos externos, como alas de mariposas o plantas secas ¿De dónde proviene esa tendencia?

LM: Voy a ser muy sincera con mi respuesta, no tengo ni la menor idea. Desde hace muchos años, y no en todos mis cuadros, ni mucho menos, e incorporado elementos ajenos a la propia pintura. Como un elemento plástico más y como un elemento comunicativo más.

TA: Qué prefieres ¿realidad o fantasía?

LM: Las dos cosas. No las puedo, ni quiero, separar de ninguna manera; aunque pudiera parecer que soy una pintora realista, no me considero como tal, ya que sólo es un medio para lograr un fin, expresar: ideas, sensaciones e incluso sentimientos.

TA: ¿Cuál ha sido tu mejor escuela en tu trayectoria formativa y profesional?La partida de ajedrez

LM: El esfuerzo, la constancia, la disciplina; ya que como llevo toda mi vida trabajando, si no hubiera ido aprovechando el poco tiempo que me queda para lo que yo habría deseado dedicarme, no habría hecho nada.
Lo más difícil es poder definir un cuadro con una sola palabra…

TA: ¿Todos tus obras están tituladas? ¿Lo requieren para comprenderse?

LM: Todas están tituladas, no lo requieren para entenderlas; pero es que me gusta y cada vez más. Lo más difícil es poder definir un cuadro con una sola palabra, a veces es imposible y hay que poner dos palabras e incluso una frase entera, y es, digámoslo así, mi mini vocación literaria…más bien la única vocación literaria que tengo.
Creo que el arte, la pintura debería ser como una conexión, que haga vibrar alguna determinada fibra en el interior de las personas

TA: ¿Toda tu creación se sustenta en la pintura?

LM: Básicamente sí. He hecho algo de grabado, cerámica. Siempre he dibujado y he hecho collages. Y ahora estoy comenzando, de dos años para acá, con un nuevo interés: la fotografía.

TA: Tratas la sensualidad, el misterio, la fantasía, lo etéreo, la muerte. ¿Cuál es el tema que más te obsesiona?

LM: Podría ser aquí muy “breve” respondiendo: la vida

TA: ¿Hay algo autobiográfico en tus pinturas?

LM: Bastante, pero no pienso aclarar, ni concretar al respecto.
TA: ¿Algún proyecto anterior diferente?

LM: No, los que conocen mi obra ya desde hace tiempo, aunque ésta ha ido cambiando, evolucionando, evidentemente, siempre me han dicho que es muy “mía”.

Nada mas nacerA la gente “normal”, aficionada, de a pie, le llega mucho, no logro dar el salto e interesar al stablismant

TA: ¿Cómo siente el público tu trabajo?

LM: No sé si sabré expresar bien esto: a la gente “normal”, aficionada, de a pie, le llega mucho, no logro dar el salto e interesar al stablismant.

TA: ¿Cómo te sientes tú al crearlo?

LM: Es una necesidad vital, no podría vivir sólo con el trabajo, la familia…La pintura me sirve entre otras muchas cosas para “llenar” el vacío existencial.

Cada vez que dicen los políticos que van a reformar la enseñanza, nosotros siempre perdemos algo

TA: Eres profesora de artes plásticas ¿Cómo ves el futuro de la educación artística en España?

LM: También aquí voy a ser muy sincera en la respuesta; no tengo ni idea, sólo sé que cada vez que dicen los políticos que van a reformar la enseñanza, nosotros siempre perdemos algo, así que como decía un personaje de una película, que el pobre estaba hecho polvo, “Dios mío que me quede como estoy”, porqué seguro que será para peor.

Entrevista a Lourdes Mieres en La Nueva España

fotoLourdes Mieres (Madrid, 1957) le puede la responsabilidad y la seriedad de carácter. Humilde, sincera y mal hablada, también es bien tierna, tímida y una artista, como gran parte de su familia, faceta que compagina con una dedicación docente en el Real Instituto Jovellanos. Es precisamente de su padre, el pintor Alejandro Mieres, su posesión artística más valiosa, «un óleo, el único cuadro que se salvó del incendio de su estudio», cuenta.

A Lourdes Mieres no le pesa el apellido, sino al contrario, fiel a él, ha sabido asumir con naturalidad la genética y centrar su vida, su trabajo, todos sus sueños en el arte. Es una idealista disfrazada de cierto matiz de aspereza; los que no la conocen pueden encontrarse con una persona poco accesible. Nada más falso; bajo esa leve capa, que es solo timidez, hay una mujer bondadosa, incluso tierna, que se hace querer. Es humilde, sincera y mal hablada.

-Por favor, defínase.

-Nací en Madrid (1957) de casualidad, segunda de siete hermanos, pero me considero asturiana ya que vivo en Gijón desde que tenía tres años. Me tengo por trabajadora, disciplinada, quizá excesivamente responsable. Tengo pocas amigas. Me gusta la enseñanza, pero lo que no me gusta es agotar las energías en mantener el orden en clase.

-¿Dónde vive?

-Cerca de Begoña, un sitio precioso, con vistas interesantes y otras que lo son menos y que no puedo describir.

-¿Siempre ha querido ser pintora?

-Los recuerdos de mi infancia son muy vagos, pero sé que a los 16 años sí me tentó la pintura. Al llegar a COU dudé entre estudiar Historia del Arte o Bellas Artes, para acabar optando por la segunda. Hice la carrera en Madrid, en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

-Era natural, después de crecer entre óleos y barnices…

-Es cierto, mi padre en aquella época aún no tenía estudio y pintaba en casa, en el salón, aunque luego era ordenado y lo recogía todo.

-¿Él, Alejandro Mieres, influyó en su propia trayectoria artística?

-No, lo único que hizo fue prepararme para el examen de ingreso en la Academia, que era bastante difícil, pero a partir de ahí nunca incidió en mi pintura. Tengo dos hermanos pintores y dos tatuadores.

-Pero algo habrá heredado de su padre…

-Sí, el amor y el respeto por el trabajo artesanal.

-¿En qué momento de su vida ha sido más feliz?

-Creo que en la infancia de mis hijas, cuando éstas contaban tres o cuatro años; eran preciosas y ya podía disfrutarlas. Antes, no, al ser gemelas, su crianza, unida a mi trabajo, me dejó extenuada. No me quedaba tiempo ni para pensar.

-¿Cuál es el rasgo principal de su carácter?

-Soy muy persistente; algo que tiene doble alcance, bueno para unas cosas y malo para otras.

-¿Qué talento sumaría a su personalidad?

-Alguno relacionado con la música. Por ejemplo, cantar bien debe de proporcionar una sensación maravillosa. O ser un buen instrumentista de jazz.

-¿A qué tiene miedo?

-A perder los sueños. Si no tienes sueños se apaga el impulso vital.

-¿Usted, dónde los centra?

-En la pintura, por supuesto. En lograr objetivos concretos, en que se valore cada vez más mi trabajo, en evolucionar hacia un camino de plenitud.

-¿Qué posee de mayor valor artístico?

-Un óleo de mi padre, el único cuadro que se salvó del incendio de su estudio. Me lo había regalado unos días antes del desastre. Representa un camino de piedras, todo en color gris.

-¿Cambiaria algo en su apariencia física?

-Estoy contenta porque he adelgazado. Soy partidaria de efectuar arreglitos fáciles, pero nunca en un quirófano.

-¿Su grado de coquetería, sobre diez?

-Pongamos un siete… Me he quedado un poco en una hippie revenida, coqueta sin pasarme. Me gusta la ropa, aunque para asistir al Instituto prácticamente visto de uniforme.

-¿Se considera una buena docente?

-En cuestiones de disciplina intento ser inflexible, pero para prestar ayuda a mis alumnos soy una madre, incluso una madre pesada. A la hora de calificar, creo ser justa; ya les hice trabajar tanto que todos rinden.

-¿Qué no puede soportar?

-La injusticia, la pobreza del mundo, el daño que se les hace a los niños, a las mujeres, a los ancianos. Los abusos, la deslealtad, la mentira… Me duele que haya personas que nacen sólo para sufrir.

-¿Ha cambiado algo la crisis en su casa?

-El año pasado nos bajaron el sueldo a los funcionarios. Y lo sufrimos los dos, mi marido, Juan José García y Rúa y yo. En consecuencia hubo unos meses, hasta que me ajusté, que gastaba más que ganaba. Entre la hipoteca, una hija en el extranjero…

-¿Acaso es derrochadora?

-No, pero no soy lista para invertir. Nunca podría dedicarme a la banca.

-Políticamente, ¿por donde se inclina?

-Por la izquierda, aunque en estos momentos me siento muy cansada de todos los políticos. Pero, desde siempre, he tratado a la gente por lo que son, no por su ideología.

-¿Quién es su estrella artística?

-René Magritte, el pintor surrealista belga, aunque hay muchos otros a los que admiro. Cuando tenía siete años mi padre me llevó al Museo del Prado, y las pinturas negras de Goya me impresionaron. Sentí miedo ante aquellas imágenes de «Saturno devorando a sus hijos», y a la vez fascinación. Lo mismo me ocurrió con «Los desastres de la guerra». Me gusta la obra de El Bosco, de Frida Kahlo…

-¿Cómo anda de sentido del humor?

-Fatal. Soy muy seria, aunque me gusta el cine de humor. He visto la película «Primera plana», de Billy Wilder, un sinfín de veces, y en todas me río, aunque la sé de memoria. Pero de otro modo nunca cuento chistes, no sabría.

-¿Sostiene algún proyecto inmediato relacionado con su propio arte?

-Tengo obra abundante, y sigo pintando, pero aunque mis expectativas carecen de fecha concreta, conservo una gran ilusión.